Experimentación I: Cambiar el ritmo, trastocar el pulso: 

Comprendo que procuro ser rápido en casi todo lo que hago. Pienso, camino y ordeno mi día rápidamente. No es ni problema, ni ventaja. La pregunta verdaderamente importante es: ¿cómo cambiaría mi percepción del exterior si también cambia el ritmo con el cual suelo caminar, pensar, etc.?  Si el cuerpo adopta otras secuencias, ¿qué sucede?
De alguna manera se trata de un ejercicio silencioso en un mundo que convulsiona imágenes a cada instante (similar a la música de Hiroshi Yoshimura: apenas un murmullo en medio de los golpes y gritos cotidianos), y de la mano de ese silencio es posible observar-anotar que:

- En un mismo espacio-tiempo pueden generarse distintas versiones de un mismo ser o situación. Eso nos hace especialmente vulnerables a descubrirnos en el otro ("hay un hombre reposando en unas escaleras con muchas maletas y paquetes. Parece golpeado por la vida. Ahora mismo me dirijo a mi hogar y no tengo intenciones de viajar. Desplazarme sería una molestia. ¿Y si yo fuera él? ¿Y si yo soy él?"). Aquí hay un juego de repetición y diferencia que vale la pena analizar.

- Despacio y con calma surgen conexiones más fuertes con los (cuerpos de los) otros. La mirada, el gesto y la (a veces micro) expresión del cuerpo, crean lazos energéticos que, con auténtica escucha, pueden desembocar en interacciones espontáneas.

Nota: realizar el ejercicio en distintas locaciones y con disposición a ello (esta experimentación no fue planeada). Las conclusiones deben ser (supongo), completamente diferentes.

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