0 y van dos. La búsqueda de expresión a veces parece una burla de nosotros mismos. Corremos hacia ella pero no queremos. Tenemos la certeza de querer decir algo, pero no sabemos exactamente qué. Y entonces viene el riesgo, y después la vergüenza y acaso después la alegría. Desnudémonos, ahora, a las tres de la mañana, y mirémonos inmensamente en medio de nuestra humanidad. Tal vez así surja algo, por lo menos auténtico.


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